La voz que menos pesa: escuela y voto en la Ciudad de México
En la Ciudad de México hay una desigualdad de la que casi no se habla: la de quién vota y quién no. No está repartida al azar. Se parece mucho al mapa de la escuela, y eso deja a las comunidades con más necesidades siendo las que menos aparecen en las urnas.
Es fácil hablar de la Ciudad de México como si fuera una sola cosa. Un promedio, un color, un titular. Pero la ciudad no vive en promedios. Vive en cuadras. Y cuando se baja el análisis a la unidad más pequeña del sistema electoral, la sección, aparece algo que ningún dato global alcanza a mostrar: la participación electoral está tan repartida de forma despareja como casi todo lo demás.
Dos mapas que se dibujan casi igual
Pon lado a lado dos mapas de la ciudad, sección por sección. En el primero, la escolaridad promedio de la gente que vive ahí. En el segundo, cuánta de esa gente salió a votar en 2024. Deberían ser dos temas distintos. Sobre el mapa son casi el mismo dibujo: el centro y el poniente, claros en los dos; buena parte del sur y el oriente, oscuros en los dos.
Al medirlo, la relación es fuerte y clara: r = 0.76. Dicho simple, las secciones con más años de escuela votan más, y las de menos escuela votan menos. Analizamos las 5,497 secciones de la ciudad con dato completo, donde la escolaridad promedio va de 1.6 a 16.6 años según la zona. Es la distancia entre no haber terminado la primaria y tener una carrera, y a veces está a unas calles.
Una brecha de doce puntos
La diferencia no es pequeña. Las secciones del grupo con menor escolaridad participaron, en promedio, 65%. Las del grupo con mayor escolaridad llegaron a 76.8%. Casi 12 puntos de distancia entre unas y otras, dibujados sobre el mapa de la ciudad.
Conviene decir qué no significa esto. No dice que unas personas voten "mejor" que otras, ni que la escuela por sí sola empuje a votar. Es una relación a nivel de sección, no de persona, y detrás van juntas muchas cosas: el ingreso, el tiempo del que dispone cada quien, la confianza en que participar sirva de algo. Pero el patrón es tan parejo que ignorarlo sería leer mal la ciudad.
La voz que menos pesa
Aquí está lo que de verdad importa. Las zonas donde la gente estudió menos suelen ser también las de más necesidades, y son las que menos votan. Junta las dos cosas y el resultado es incómodo: las comunidades que más tendrían que reclamar son las que menos presencia tienen el día de la elección. Su voz cuenta menos, no porque valga menos, sino porque llega en menor número a la urna.
Para un gobierno o para quien organiza la elección, el mapa es una brújula: dice en qué colonias la participación es más baja y dónde vale la pena acercar información, credencialización y confianza, en vez de repetir el esfuerzo donde la gente ya vota. Para una campaña, marca dónde la movilización rinde de verdad. Y para cualquiera que lea el periódico, pone número y ubicación a algo que se intuía pero no se veía: la democracia de la ciudad no llega igual a todas partes.
Subir la participación donde hoy es más baja no es táctica de campaña. Es la condición para que las decisiones de la ciudad escuchen también a quienes hoy casi no se oyen.
¿Qué se puede hacer?
Señalar el problema es lo fácil. La pregunta útil es qué falla, por qué falla y qué se puede hacer. Y la respuesta no pasa por convencer a nadie de que vote, sino por quitar los obstáculos que hoy le cuestan más a quien menos tiene.
Son tres palancas, todas de acceso. La primera es acercar la casilla: la distancia al lugar de votación pesa, y en zonas dispersas o mal conectadas, más casillas y mejor ubicadas suben la participación. La segunda es facilitar la credencial, porque sin una vigente no se vota; los módulos móviles del INE donde el trámite cuesta más tiempo y traslado reducen esa barrera. La tercera es informar mejor: dónde, cómo y por qué votar, algo que en las zonas de menor escolaridad llega menos y más tarde.
Y un límite que conviene decir claro: pagar o premiar el voto no es una solución, es un delito, y es justo lo que erosiona la confianza en la elección. La salida legítima es abrir la puerta, no comprar la asistencia.
Cómo lo hicimos
Cruzamos los resultados oficiales del INE (participación de la elección de 2024, a nivel sección) con el Censo de Población y Vivienda 2020 del INEGI, integrados por sección electoral. El coeficiente r = 0.76 es la correlación entre la escolaridad promedio de la sección y su porcentaje de participación, sobre las 5,497 secciones de la Ciudad de México con dato completo. Son datos públicos. GeoVoto no tiene relación con el INE ni con organismos electorales.
Análisis de GeoVoto con datos del INE (participación electoral) y del INEGI (escolaridad).
GeoVoto convierte el censo y los resultados electorales en un mapa que puedes leer por sección, en cualquiera de los 32 estados.
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